Al final he sucumbido y me he cortado el pelo.
Siempre pienso: déjate melenacas, que los melenudos-barbudos son cools.
Pero llego a un punto en que más que pelo parece que lleve un casco, se me crespa el pelo y el efecto MADALENA (bonito palabro) se apodera de mi cabeza.
Así que ayer fui a ver a Rebeca, mi nueva peluquera. Es una chica muy maja, con sangre andaluza, modernita y que se ha ganado mi confianza con sólo 2 visitas. Pero... desde aquí lanzo un sentido homenaje a mi Charini, la peluquera d toda la vida de mi barrio que hace pocos meses se jubiló y ha provocado que tenga que buscar y buscar para encontrar a una digna sucesora.
La Charini tiene mucha tela. Esa peluquera de barrio, que te pregunta por tu madre, por tu abuela, por tu trabajo, por tu novia, por tus ligues, por todo. Que te aconseja, que te deja llevar el Hola a casa para que te lo acabes de leer, que te invita a un cortadito mientras esperas tu turno. Un lujo vamos.
Además, acudir a la Charini fue como una bombaca en mi casa. Vengo de familia peluquera, mis tíos lo son, y mi abuelo lo era. Y claro... ir a cortarse el pelo a un sitio pagando cuando lo podrías hacer gratis con la familia... es como si mi padre trabajara en la Seat y me comprara un Mini (mmm.. pues eso tb lo he hecho).
Total, que hubo crisis en casa cuando acudí a la Charini por primera vez años atrás. Pero... ahora la voy a echar de menos. No descarto acercarme por su casa alguna vez parar recordar viejos tiempos.
Desde aquí Charini, un beso muy grande.